Hay objetos que no están hechos para llamar la atención, sino para sostener un momento.
El cenicero Ma’alahi nace ahí: en ese punto exacto donde el fuego necesita descanso.
Trabajado en madera noble, cada encastre, cada curva y cada profundidad responde a una decisión consciente. No hay exceso ni ornamento. Solo forma, peso y equilibrio.
No trabajamos desde moldes industriales ni desde gestos repetidos. Cada pieza atraviesa un proceso cuidado, donde la precisión y la sensibilidad conviven. El borde acompaña, el centro contiene, la madera absorbe el tiempo.
En el uso cotidiano, el cenicero deja de ser objeto y se vuelve presencia. Está ahí cuando hace falta. No interrumpe. No distrae. Ordena.
En Ma’alahi creemos que incluso lo más simple merece ser pensado con profundidad. Porque cuando el fuego descansa bien, todo lo demás fluye.
