Hay piezas que nacen solas.
Y hay otras que aparecen cuando el sistema ya está listo.
Ma’alahi Drops nace de esa segunda forma.
Como una cápsula.
Como una síntesis.
Después del fuego, del reposo, del movimiento y de la transformación,
aparece la unión.
Un objeto que no funciona aislado,
sino como parte de un ritual completo.

Este primer Drop se llama Montaña.
No como paisaje decorativo,
sino como símbolo.
Peso, verticalidad, silencio, tiempo profundo.
La montaña como presencia que ordena todo alrededor.
La inspiración nace del Aconcagua.
De su escala inmóvil.
De la manera en que un territorio puede marcar carácter, ritmo y respeto.
No se lo representa: se lo interpreta.
La cápsula traduce esa idea a forma y función.
Madera trabajada con precisión.
Grabado minimalista.
Apertura a presión.
Un objeto pensado para acompañar, no para imponerse.
En la parte trasera del packaging,
una breve descripción del entorno natural completa el relato.
No explica: acompaña.
No vende: sitúa.

Ma’alahi Drops no se piensa como una pieza aislada.
Es un lenguaje en construcción.
Un sistema capaz de expandirse con el tiempo,
tomando distintos territorios, símbolos y gestos,
cuando el momento lo pida.
Este primer Drop marca el origen.
El punto donde todo se encuentra.
Materia, ritual y sentido.
